Tipo de Radioterapia

Existen diversos tipos de radioterapia, clasificados según la fuente de la radiación y la forma en que se administra al paciente. Los principales son:
Radioterapia externa

Radioterapia externa

Es la forma más común de radioterapia. Utiliza una máquina llamada acelerador lineal, que dirige un haz de radiación desde el exterior del cuerpo hacia el tumor. La radiación se aplica de manera precisa, considerando la forma, tamaño y ubicación del tumor además de los órganos sanos vecinos al tumor.

Este tratamiento suele administrarse de forma ambulatoria, en sesiones diarias y en días hábiles consecutivos. Cada sesión dura sólo unos minutos, y la persona no siente dolor durante la aplicación.

Hay técnicas avanzadas dentro de la radioterapia externa, como:

Radioterapia de intensidad modulada (IMRT): Permite ajustar la intensidad del haz de radiación para adaptarse con precisión a la forma del tumor.

Radioterapia guiada por imágenes (IGRT): Incorpora imágenes (como TAC o ecografías) antes o durante el tratamiento para asegurar una localización exacta.

Radioterapia estereotáctica (SRS o SBRT): Entrega dosis muy altas en pocas sesiones, con gran precisión y caída abrupta de la dosis evitando el daño a tejidos sanos. Se utiliza especialmente en tratamiento de metástasis o tumores primarios de próstata, hígado, pulmón y riñón entre otros.

Radioterapia interna (braquiterapia)

Radioterapia interna (braquiterapia)

Consiste en colocar materiales radiactivos directamente dentro del cuerpo, ya sea dentro del tumor o muy cerca de él. La fuente de radiación puede quedar en el cuerpo de forma temporal o permanente, dependiendo del tipo de cáncer y fuente utilizada.

Este tipo de tratamiento se utiliza comúnmente en cánceres ginecológicos como cuello uterino y endometrio. Permite aplicar altas dosis de radiación de forma localizada, reduciendo el impacto en los tejidos sanos circundantes.

Radioterapia sistémica

Radioterapia sistémica

En este caso, la radiación se administra por vía oral o intravenosa a través de sustancias radiactivas, que viajan por el torrente sanguíneo y se acumulan en las células cancerosas. Un ejemplo es el uso de yodo radiactivo (I-131) en el tratamiento del cáncer de tiroides, o ciertos radiofármacos utilizados en tratamiento de metástasis óseas.

Etapas del Tratamiento de Radioterapia

La radioterapia es un tratamiento altamente seguro, preciso y cuidadosamente planificado. Cada etapa del proceso es supervisada por un equipo multidisciplinario que trabaja de forma coordinada, con un solo objetivo: brindarte el mejor resultado posible.

Gracias a los avances tecnológicos, hoy contamos con tratamientos cada vez más personalizados y efectivos. Esto no solo ha mejorado la eficacia terapéutica, sino que también ha permitido reducir significativamente los efectos secundarios, protegiendo la calidad de vida durante y después del tratamiento.

Esta es tu primera instancia de encuentro con el médico especialista que estará a cargo de tu tratamiento. Durante esta consulta, se revisará tu historial clínico, incluyendo exámenes de imágenes, informes de biopsia y otros antecedentes importantes. También se realizará un examen físico general, con especial atención a la zona que será tratada. Si el médico lo considera necesario, podrían solicitarse exámenes adicionales para contar con una evaluación más completa.

En esta etapa, el médico te explicará de forma clara y general en qué consistirá tu tratamiento: qué zona se tratará, cuántas sesiones se estiman, con qué frecuencia, y qué efectos podrían aparecer durante el proceso. Este espacio es ideal para que puedas plantear todas tus dudas e inquietudes, por lo que te recomendamos preparar tus preguntas con anticipación.

Al finalizar la consulta, se te entregará un calendario con las fechas y horarios de tus sesiones, controles médicos y alta. También recibirás el nombre de tu equipo de tratamiento, quienes te acompañarán durante todo este proceso.

Antes de comenzar tus sesiones de radioterapia, es necesario realizar una planificación detallada del tratamiento. Esta etapa considera tanto tus características personales como las de la enfermedad, y tiene como objetivo diseñar un tratamiento lo más preciso, efectivo y seguro posible.

Una parte clave de esta planificación es la simulación. Este procedimiento consiste en tomar una imagen (por ejemplo, un escáner o TAC) en la misma posición que adoptarás durante tus sesiones de radioterapia. Así, el equipo médico puede definir exactamente la zona que se va a tratar y los órganos que deben protegerse, diseñando los campos de irradiación con máxima precisión.

Durante la simulación:

  • Se toma una imagen (escáner o TAC) para ubicar con exactitud el área a tratar.
  • Se define y ensaya la posición que deberás mantener durante cada sesión.
  • Se realizan marcaciones externas en la piel con plumón, que sirven como referencia para replicar esa misma posición cada día.

Este proceso es llevado a cabo por un tecnólogo médico siguiendo las instrucciones de tu médico tratante, y suele durar entre 15 y 40 minutos, dependiendo del tipo de tratamiento.

Es posible que en algunos casos se requiera más de una simulación, ya sea antes o durante el tratamiento, para verificar o ajustar el plan, siempre con el fin de brindarte la mejor atención posible.

Cuando llegues a la clínica para tu tratamiento, debes anunciar tu llegada en recepción o escanear tu código personal en los computadores habilitados. Luego, dirígete directamente a la sala de espera asignada para tu equipo de tratamiento.

El equipo de profesionales que estará contigo ese día te avisará cuando sea tu turno y te acompañará al vestuario. Es muy importante que respetes tu horario asignado, ya que esto permite que la atención sea fluida para ti y para todos los pacientes que están en tratamiento.

Una vez estés listo, serás guiado hacia el equipo de radioterapia, y se descubrirá la zona del cuerpo que será irradiada y te posicionarán para lograr exactamente la misma posición que se definió durante la simulación. Esta posición es clave para que el tratamiento sea efectivo, por eso es importante mantenerla durante toda la sesión. Te ayudaremos a relajarte y a respirar de manera suave y tranquila. En algunos casos, necesitaremos que hagas una respiración controlada, pero no te preocupes: siempre estarás guiado por un profesional.

Sabemos que al principio puedes sentir algo de ansiedad. Es totalmente normal. Ten la tranquilidad de que antes de comenzar, se realizan todos los controles técnicos y médicos necesarios para asegurar que el tratamiento sea seguro y eficaz.

Antes de irradiar, se toma una imagen (radiografía o escáner) para verificar que estés en la posición correcta. Este proceso puede tomar entre 1 y 15 minutos si se requieren ajustes. Luego, se inicia el tratamiento: la irradiación en sí dura aproximadamente de 5 a 10 minutos dependiendo del sitio a irradiar. En total, estarás en la sala de radioterapia alrededor de 25 minutos por cada region a irradiar.

Durante todo este tiempo estarás vigilado por el equipo, que te observa a través de un circuito cerrado de televisión y se comunica contigo por micrófono en caso de ser necesario. No estarás solo en ningún momento.

Equipo médico que te acompaña

Todos los tratamientos de radioterapia de Clínica IRAM están a cargo de un equipamiento multidisciplinario de profesionales con vasta experiencia en el área oncológica

Oncólogos Radioterapeutas

Son los responsables de la indicación del tratamiento, la aprobación del plan de tratamiento, supervisión y monitoreo del paciente.

Tecnólogos Médicos especialistas en Radioterapia

Son los responsables de la planificación y ejecución del tratamiento, así como del posicionamiento del paciente.

Físicos médicos

Son los responsables de los métodos de cálculo, control de calidad y funcionamiento dosimétrico de los equipos utilizados.

Ingenieros

A través de mantenciones preventivas, regulan el correcto funcionamiento mecánico y electrónico de los equipos.

Técnicos en Enfermería

Son los encargados de asistir en el posicionamiento diario y el cuidado del paciente durante el tratamiento como apoyo de los Tecnólogos Médicos. También participan de la atención de pacientes en la consulta ayudando con agendamiento de horas y colaborando con la atención médica.

Efectos secundarios de la radioterapia

La radioterapia es un tratamiento muy eficaz para combatir el cáncer. Sin embargo, como actúa sobre las células tumorales y también puede afectar algunas células sanas cercanas a la zona tratada, es posible que aparezcan ciertos efectos secundarios.

Estos efectos varían dependiendo de factores como la región del cuerpo que se irradia, la dosis total recibida, la duración del tratamiento, si se combina con otros tratamientos como la quimioterapia, y la sensibilidad individual de cada paciente.

Uno de los síntomas más frecuentes es la fatiga o cansancio persistente, que puede comenzar durante la primera semana del tratamiento y extenderse por algunas semanas después de haberlo terminado. Este agotamiento puede deberse tanto a la radioterapia como a otros tratamientos combinados, como la quimioterapia.

Pueden aparecer otras molestias generales, como:

  • Sueño
  • Pérdida de apetito
  • Disminución de la energía

Para ayudarte a sobrellevar estos síntomas, te recomendamos:

  • Descansar lo suficiente, escuchando las señales de tu cuerpo
  • Mantener una alimentación equilibrada y una buena hidratación
  • Pedir apoyo a familiares o personas cercanas cuando lo necesites
  • Realizar actividad física, lo que puede ayudar a disminuir el cansancio y mejorar el ánimo

Los efectos secundarios de la radioterapia suelen ser localizados, apareciendo en la zona específica del cuerpo que recibe el tratamiento. Algunos ejemplos comunes según la región irradiada incluyen:

  • Piel: Enrojecimiento o hiperpigmentación, sequedad, picazón o descamación en la zona irradiada, similares a una exposición solar.
  • Cabeza/cuello: Sequedad bucal, dolor o dificultad al tragar, cambios en el gusto.
  • Mama: Puntadas ocasionales en la mama y enrojecimiento leve o hiperpigmentación de la piel.
  • Abdomen/pelvis: Náuseas ocasionales, diarrea autolimitada o meteorismo.
  • Cabello: Pérdida localizada del cabello. Esto ocurre solo al irradiar el cuero cabelludo (no ocurre en todo el cuerpo como en la quimioterapia).

Es muy importante que le comuniques a tu equipo médico las molestias o síntomas que experimentes durante el tratamiento. Ellos están para ayudarte y pueden darte recomendaciones, medicamentos o cuidados específicos para aliviar los efectos secundarios y hacer que te sientas mejor

En algunos casos poco frecuentes, pueden aparecer efectos secundarios meses o incluso años después de finalizado el tratamiento. Esto depende de factores como la dosis recibida, la zona tratada y si esa área ha sido irradiada previamente.

Gracias a la planificación detallada y a las tecnologías actuales, el riesgo de presentar efectos graves a largo plazo ha disminuido significativamente. Sin embargo, es fundamental que el equipo médico realice un seguimiento regular para detectar cualquier cambio a tiempo, aún cuando te sientas bien.

El seguimiento es una parte clave de tu cuidado a largo plazo.

¿Cuándo consultar con el médico?

Durante el tratamiento con radioterapia, es importante que informes a tu equipo médico si presentas alguno de los siguientes síntomas:

<p>Incluso si crees que no está relacionado directamente con la radioterapia. A veces, señales pequeñas pueden ser importantes para tu cuidado integral. No dudes en comentarlas.</p>

Siempre es importante que informes a tu equipo médico cualquier síntoma que te preocupe

Incluso si crees que no está relacionado directamente con la radioterapia. A veces, señales pequeñas pueden ser importantes para tu cuidado integral. No dudes en comentarlas.

Consejos para cuidarte durante la Radioterapia

Durante el tratamiento con radioterapia, tu cuerpo necesita más atención y cuidados que de forma habitual. Aquí te compartimos algunas recomendaciones que pueden ayudarte a transitar este proceso de la mejor manera posible, protegiendo tu bienestar físico y emocional.

Descansa si lo necesitas. Sentirse más cansado de lo habitual durante la radioterapia es habitual. Dormir bien por la noche es ideal. Si es posible, pide apoyo a familiares o personas cercanas con tareas del día a día, como cocinar, hacer compras o cuidar a otros en caso necesario.

Mantente activo dentro de tus posibilidades. Realizar actividad física, como caminatas cortas, yoga o ejercicios de respiración, puede ayudarte a reducir la fatiga y mejorar tu bienestar general. Consulta con tu equipo médico qué tipo de ejercicios son más adecuados para ti, según tu estado de salud y tratamiento.

Aliméntate bien y con regularidad. Durante la radioterapia, tu cuerpo necesita más energía y  nutrientes para recuperarse, por eso no es recomendable bajar de peso. Si tienes poco apetito o molestias para comer, intenta hacer varias comidas pequeñas al día, eligiendo alimentos blandos, poco condimentados y fáciles de digerir.

Prefiere una alimentación variada y nutritiva, rica en proteínas (como huevos, legumbres, carnes magras, lácteos) y otros nutrientes esenciales. Evita el alcohol y las carnes procesadas.

Adapta tu dieta si se trata la zona abdominal o pélvica. En estos casos, es importante evitar comidas muy grasosas, picantes o que generen gases, como repollo, cebolla o coliflor. Ante cualquier molestia digestiva, consulta con tu equipo médico.

Consulta a tu médico o nutricionista. Ellos pueden ayudarte a ajustar tu alimentación según tus necesidades personales, tolerancia y tipo de tratamiento.

Mantente bien hidratado. Toma abundante líquido durante el día: agua, jugos naturales, caldos, infusiones suaves o bebidas con electrolitos. Si tienes dudas sobre cuánto o qué tomar, consúltalo con tu equipo médico.

Evita fumar y el consumo excesivo de alcohol. Estos hábitos pueden aumentar los efectos secundarios y se han asociado a un mayor riesgo de cáncer y recaídas.

Durante la radioterapia, la piel del área irradiada puede volverse más sensible, presentar enrojecimiento, sequedad o una sensación de ardor similar a lo ocurrido luego de una exposición solar. Estos cambios son comunes y temporales, pero requieren cuidados especiales para evitar molestias mayores.

Para proteger tu piel:

  • Lava la zona tratada con agua tibia y jabón suave, sin frotar, y siguiendo siempre las indicaciones de tu equipo médico.
  • Evita aplicar productos no recomendados, como cremas, perfumes, desodorantes, colonias o polvos. Usa únicamente los productos indicados por el equipo tratante.
  • No apliques calor ni frío directo sobre la piel irradiada (como almohadillas térmicas, bolsas de hielo o compresas).
  • Evita la exposición directa al sol. Usa ropa suelta de algodón para cubrir la zona tratada. Una vez finalizado el tratamiento, si vas a estar al aire libre, usa protector solar FPS 50 o superior.
  • Evita fricciones o presión sobre la zona, como el uso de ropa ajustada, mochilas o cinturones. Tampoco te afeites con hojas o máquinas en el área tratada.

Recibir un diagnóstico de cáncer y atravesar un tratamiento como la radioterapia no solo impacta en el cuerpo, también puede afectar lo que sentimos. Es completamente normal experimentar emociones como ansiedad, tristeza, miedo o frustración.

Lo más importante es saber que no tienes que enfrentar esto solo.

  • Hablar sobre lo que sientes puede ser un gran alivio. Conversar con personas cercanas o con profesionales puede ayudarte a manejar mejor este proceso. Existen grupos de apoyo  que brindan contención emocional. Tu equipo médico puede orientarte para encontrar uno adecuado para ti.
  • También hay organizaciones que ofrecen apoyo práctico, como ayuda con trámites de seguros, copagos o acompañamiento en gestiones relacionadas con el tratamiento.
  • A veces es necesario tener una evaluación por un especialista (psicólogos oncólogos o psiquiatras).

Si deseas continuar con tu trabajo o mantenerte activo laboralmente durante el tratamiento, es importante que lo converses con tu equipo médico. Ellos podrán orientarte según tu estado general, los posibles efectos secundarios y los horarios de tus sesiones.

Cada caso es distinto, y muchas veces es posible compatibilizar el tratamiento con ciertas actividades laborales, haciendo los ajustes necesarios para cuidar tu salud y bienestar.

Mantener una comunicación abierta y constante con tu equipo médico es clave para que el tratamiento sea seguro y efectivo. Algunas recomendaciones importantes:

Sigue siempre las indicaciones entregadas por tu equipo tratante y no dudes en contactarlos si aparece algún síntoma nuevo o si tienes dudas en cualquier momento del proceso.

Informa todos los medicamentos que estás tomando, incluyendo aquellos de venta libre, suplementos, vitaminas o productos naturales. Esta información es fundamental para evitar interacciones que puedan afectar el tratamiento.

Evita compararte con otros pacientes. Cada tratamiento es personalizado y cada persona reacciona de manera distinta. Lo más importante es enfocarse en tu propio proceso, acompañado por el equipo que te está cuidando.