El TAC

El TAC cumple un rol fundamental en múltiples etapas del manejo del cáncer. Permite:

  • Detectar tumores en órganos como pulmón, hígado, páncreas, cerebro, entre otros.
  • Evaluar la extensión del cáncer (estadificación) y determinar si se ha diseminado a otros órganos.
  • Planificar tratamientos como cirugía, radioterapia o quimioterapia.
  • Controlar la evolución del tratamiento y valorar si el tumor ha respondido o ha progresado.
  • Detectar recaídas o aparición de nuevas lesiones en controles de seguimiento.

El procedimiento es rápido, indoloro y ambulatorio. El paciente se recuesta en una camilla que se desliza dentro del equipo de TAC, mientras el escáner gira alrededor del cuerpo capturando cientos de imágenes en segundos.

En muchos casos, se utiliza un medio de contraste (inyectado por vía venosa o administrado por vía oral) que permite mejorar la visibilidad de estructuras internas como vasos sanguíneos o ciertos órganos.

  • TAC de tórax: útil en cáncer de pulmón, metástasis pulmonares o evaluación ganglionar.
  • TAC de abdomen y pelvis: fundamental en tumores digestivos, ginecológicos o urológicos.
  • TAC cerebral: en caso de síntomas neurológicos o sospecha de metástasis.
  • TAC de cuerpo completo: permite una evaluación integral en una sola sesión.
  • TAC con contraste: mejora la precisión del diagnóstico en la mayoría de los estudios oncológicos.